La bioimpedancia nació en el siglo XIX cuando los científicos comenzaron a explorar las propiedades eléctricas del cuerpo humano. En 1872, el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey observó la relación entre la resistencia eléctrica y los fluidos corporales. A lo largo del siglo XX, la investigación avanzó, y en 1962, Hoffer, Meador y Simpson desarrollaron la teoría básica de la bioimpedancia aplicable a la estimación del volumen corporal del agua. Este avance permitió que, en las décadas siguientes, la bioimpedancia se convirtiera en una herramienta práctica para evaluar la composición corporal. En los años 80, la tecnología se perfeccionó, haciendo posible la creación de dispositivos portátiles, que facilitaban su uso en la medicina, deporte y control de peso.
¿Qué es la bioimpedancia?
La bioimpedancia es un método utilizado para medir la composición corporal a través de la resistencia que ofrece el cuerpo al paso de una corriente eléctrica de baja intensidad. Este método se basa en la diferencia de conductividad entre los tejidos del cuerpo: los tejidos con mayor contenido de agua, como los músculos; conducen mejor la electricidad, mientras que la grasa corporal ofrece mayor resistencia.
La bioimpedancia es utilizada comúnmente para estimar el porcentaje de grasa corporal, masa muscular y otros componentes de la composición corporal en contextos médicos, deportivos y de bienestar para el monitoreo del estado físico y la salud.
